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En pocas palabras, este versículo significa que Dios quiere que le amemos con todo nuestro ser.

Marcos 12:30 dice:

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

En 1 Tesalonicenses 5:23 nos muestra las tres partes de nuestro ser: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Nuestro espíritu es la parte más profunda de nuestro ser, la parte que usamos para recibir a Dios y contactarlo. Cuando recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador, éste fue el lugar donde Él vino a vivir. En nuestro espíritu podemos tener comunión con el Señor y pasar tiempo en Su presencia.

«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas».

Deuteronomio 6:4-5

Nuestra alma se compone de nuestra mente, emoción y voluntad. Es nuestra persona, nuestra parte psicológica.

Nuestro cuerpo, naturalmente, es nuestra parte física, con la cual contactamos las cosas físicas por medio de nuestros cinco sentidos y expresamos nuestras partes internas.

El Señor Jesús dijo que debemos amar a Dios con estas tres partes, es decir, con todo nuestro ser. Este es un mandamiento fuerte y a la vez misterioso. En 1 Pedro 1:8 dice: “A quien amáis sin haberle visto, *en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y colmado de gloria”. ¿Cómo es posible amar a alguien que no hemos visto? ¿Y cómo podemos amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, y toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas? ¿Acaso tenemos la capacidad de hacerlo?

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